Fotografía de Francisco Sardón como fondo de pantalla de un móvil y a la derecha, el texto: Artículo de Francisco Sardón "Un paso firme para consolidar el derecho a los cuidados" y abajo, el logo de IMPULSA IGUALDAD.

Un paso firme para consolidar el derecho a los cuidados

El Real Decreto-ley 17/2026, de 23 de junio, actualiza las cuantías mínimas del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia

El Real Decreto-ley 17/2026, de 23 de junio, supone una noticia positiva para quienes llevamos décadas defendiendo que la autonomía personal no puede depender del código postal, de la renta familiar ni de la capacidad de resistencia de cada persona ante la burocracia.

Desde IMPULSA IGUALDAD valoramos este avance como una señal clara: el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia necesita más financiación, sí, pero también más ambición política, más coordinación institucional y una mirada profundamente centrada en la persona. Porque hablar de dependencia no es hablar solo de prestaciones. Es hablar de proyectos de vida, de inclusión en la comunidad, de apoyos reales y de derechos que deben ejercerse con dignidad.

La actualización de las cuantías del nivel mínimo garantizado por la Administración General del Estado es especialmente relevante. Que se refuerce la aportación pública para los distintos grados de dependencia, incluido el nuevo Grado III+ de dependencia extrema, significa reconocer que hay situaciones que requieren respuestas más intensas, más ágiles y más ajustadas a la realidad. Y esa es una demanda histórica del movimiento asociativo de la discapacidad: que el sistema mire a las personas, no solo a los expedientes.

También es importante que este decreto conecte con la nueva redacción del artículo 49 de la Constitución Española. No es un detalle menor. La autonomía personal y la inclusión social de las personas con discapacidad forman parte del mandato democrático que deben asumir todas las administraciones. Por eso, el fortalecimiento del SAAD no puede quedarse en una mejora presupuestaria puntual; debe consolidarse como política estructural de Estado.

Ahora bien, una valoración positiva no puede ser complaciente. Las listas de espera, las diferencias territoriales, la falta de asistentes personales, la sobrecarga de las familias y la necesidad de servicios de proximidad siguen estando ahí. Este decreto abre una oportunidad, pero la clave estará en su ejecución. El papel de las comunidades autónomas será determinante para que estos recursos lleguen de verdad a quienes los necesitan.

España tiene ante sí el reto de construir un modelo de cuidados moderno, accesible, comunitario y sostenible. Un modelo que no sustituya la voluntad de las personas, sino que la acompañe. Que no encierre vidas, sino que abra puertas. Que no pregunte solo “qué grado tiene usted”, sino “qué apoyos necesita para vivir como quiere”.

Ese es el horizonte. Y este Real Decreto-ley es, sin duda, un paso firme en la dirección correcta.